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Orígenes y consolidación – Amor y Sacrificio Jerez

Orígenes y consolidación

Como surgió la idea:

Fue en una desapacible tarde de fines de Enero de 1941; allí, alrededor de la clásica mesa-estufa, mudo testigo y punto de apoyo de todos los proyectos que se han fraguado durante veinticinco años seguidos por la Congregación de los Luises de Jerez: desde el plano de defensa de los conventos en los azarosos tiempos de la segunda Republica española, hasta la simpática obra social del Patronato «San Javier», pasando por las veladas hogareñas de Navidad y las consultas particulares de índole espiritual y santificadora. Sentados con el Padre Director Antonio de Viu, el Prefecto Pedro Guerrero, El Viceprefecto Pepín Mier Terán, el Secretario Salvador Rivero y Manolo González de la Peña, futuro Hermano Mayor de la entonces nonata Cofradía, se decidió poner esta en marcha definitivamente.

 

La idea, propiamente hablando, había nacido con la Congregación misma a fines del año 34; pero se tropezaba con no leves dificultades de diversa índole para llevarla a feliz término. Se pensó primero en alguna imagen preexistente que no recibiese culto especial, como el grupo del Calvario que se venera en la capilla del Señor de Puerta Real, o bien en unirse a alguna Hermandad en decadencia como la popular del barrio de la Yedra. El tiempo pasaba sin que se tomase ninguna resolución practica; pero estalló la Guerra Civil… La Cofradía tendría así un triple fin: un perpetuo sufragio fraternal por los que se habían ido, un homenaje emocionado a las mujeres que los habían entregado y un estimulo acuciante de superación para los que quedaban. El fervor de los andaluces por las Cofradías de penitencia, presentaba una magnifica coyuntura para hacer de ellas un instrumento de santificación y apostolado; y se empezaron a dar los pasos decisivos.

La Puesta en Marcha:

En el reverso de unos talonarios de no se que cosa, a vuela pluma, se trazaron los rasgos generales que habían de construir su forma peculiar y las Reglas que se precisaban enviar a la curia de Sevilla para su rápida aprobación canónica. No había tiempo que perder; era el 25 de Enero y el 7 de Abril de aquel mismo año tenía la nueva Imagen de la Virgen Dolorosa que recorrer las calles en estación de penitencia. En aquel momento la Congregación no disponía absolutamente de nada, ni de dinero… ¡Pero el milagro se hizo!… Saltó lo primero de todo, el titulo de la Cofradía, como lógica consecuencia del motivo por que se ponía en marcha: «Piadosa Hermandad de Nuestra Señora  del Amor y Sacrificio»; algún tiempo después se adaptó el lema y el escudo. Éste último sería el anagrama de las Congregaciones Marianas: la M y la R del alfabeto griego entrelazadas, como consonantes del nombre de María, y rodeadas de una corona de espinas. El lema que en adelante orlaría las convocatorias y demás documentos oficiales de la Hermandad, seria: «Amoris  Victima, doloris Hostia».(Víctima del amor del dolor y sacrificio)

 

La Imagen se encargo a un novel artista sevillano, Carlos Monteverde Herrera, que empezaba entonces a darse a conocer en Madrid; temperamento eminentemente clásico, que sabia imprimir en sus Dolorosas la huella del realismo de Salzillo y la depurada suavidad de Pedro de Mena. El coste corrió a cargo de los congregantes que durante aquel año contrajeron matrimonio, como obsequio de boda a la Congregación. El veterano congregante D. Sixto de la Calle había encontrado en la Iglesia Mayor de Tarifa una Dolorosa(Virgen de los Dolores) «de vestir», cuya fotografía llevo a Jerez y llamó poderosamente la atención a cuantos la vieron. Ésta, pues, sirvió de inspiración y que el artista logró igualar, y a juicio de algunos superar, a su modelo.